¡Feliz Pascua de Resurrección!

¡Feliz Pascua de Resurrección!

“La incredulidad de Santo Tomás” (Pedro Pablo Rubens 1577 – 1640)

Queridos hermanos y hermanas cofrades:

Esta ha sido una Semana Santa muy especial, una Pasión sin procesiones, lo que parece un contrasentido para una cofradía, que siempre está “en salida” como dice el Papa Francisco.

No obstante, aunque no hemos caminado por las calles, no hay duda de que desde nuestras casas hemos vivido el Vía Crucis de Jesús y meditado sobre el dolor de su Pasión y Muerte; Le hemos visto sufrir en el rostro de los enfermos y de sus familias; Le hemos visto morir en tantos hermanos y hermanas; y, al rezar y encomendarles, hemos vuelto a caminar espiritualmente con Nuestra Señora de la Caridad al encuentro de Jesús Resucitado.

No podemos olvidar tampoco que, aunque a mucha gente cofrade le ha dolido no salir en procesión, seguimos en las manos de Dios. Él sabrá, mejor que nosotros, por qué no hemos salido a recordar la Pasión de su Hijo en la calle, como nos ocurre cuando llueve.

Por otra parte, nuestra reclusión nos ha dado, y nos da, la extraordinaria oportunidad de disponer de un tiempo y un ambiente ideales para la reflexión, la meditación y la oración, que es precisamente el servicio que las cofradías préstamos cada año al público asistente a las procesiones y del que no solemos poder gozar con todo el trajín de su preparación.

Así, este tiempo de tribulación y de prueba nos ha hecho meditar acerca de qué importa de verdad en nuestras vidas. Nos ha recordado que lo importante no está en los bienes materiales, espectáculos públicos o actividades sociales, de los que hemos podido prescindir estos días. Esta reclusión nos ha enseñado, con dolor, que lo que de verdad echamos de menos es la cercanía de las personas que amamos, pues el amor es el centro real de nuestras vidas. Por eso dice San Juan en su primera carta que “Dios es amor, y quien permanece en el amor, permanece en Dios y Dios permanece en él” (I Juan 4, 16), palabras que son para el Papa Emérito Benedicto XVI “el centro de la Fe cristiana”.

Más aún, esta situación en que la muerte siega cada día las vidas de centenares de hermanos y hermanas, a quienes sus familias no pueden casi despedir, nos enseña la lección definitiva: el amor es lo único que derrota a la muerte.Así, nuestro amor hacia nuestros seres queridos perdura en nuestros corazones aunque ahora no podamos abrazarlos.

 Precisamente aquí, en la muerte, es donde nace la Pascua de Jesús, es donde la Resurrección de Jesús cambia la historia humana, es el punto álgido de la Historia de la Salvación. La muerte no tiene ya la última palabra. Como lo dice San Pablo, “Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no puede morir y la muerte no tiene ya poder sobre Él” (Rom. 6, 9), ni sobre nosotros. “¿Dónde está, oh muerte, tu victoria?” (I Cor. 15, 55).

Por eso, después llevar este tiempo de Pascua a su plenitud, estamos felices de saber que JESÚS HA RESUCITADO y de que su mano amorosa nos acaricia, como a Santo Tomás cuando, contrito y humillado por su propia incredulidad, se arrodilló ante Él y sólo acertó a decir: “¡Señor mío y Dios mío!”. Ésta es para el Papa Emérito Benedicto XVI “la más hermosa confesión de fe de todo el Nuevo Testamento”. Qué mejor que unirnos al santo con sus mismas palabras y reconocernos débiles y necesitados de la fortaleza del Santo Espíritu.

Queridos hermanos, hermanas y colaboradores, que hacéis posible que cada año Nuestro Señor Jesucristo sea protagonista de excepción de nuestra ciudad, recibid de la Junta Directiva, de todo corazón, una

¡Feliz Pascua de Resurrección!