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AL CRISTO DE LA HUMILDAD
Con las manos abiertas implorando compasión, sangre por todo el cuerpo, varón de dolor.
Rodillas llagadas por las terribles caídas, mirada suplicante de la más inocente víctima.
Tu Madre te consuela en este momento de amargura, sobran las palabras, sólo su mirada, limpia y pura.
Mª Luisa Calvo Martín |